ACEITUNA,UNA,CUENTO DE RICARDO PALMA

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Español: Gran Sello de la República del Perú.
Español: Gran Sello de la República del Perú. (Photo credit: Wikipedia)
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Under the governship of Castilla, Peru entered one of its most prosperous times (Photo credit: Wikipedia)
Manuel Ignacio de Vivanco
Manuel Ignacio de Vivanco (Photo credit: Wikipedia)

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RICARDO PALMA

Ricardo Palma, inscrito en su partida de bautismo como Manuel Ricardo Palma Carrillo Lima7 de febrero de 1833 – MirafloresLima6 de octubre de 1919) fue un escritorrománticocostumbrista y tradicionista, periodista y político peruano, famoso principalmente por sus relatos cortos de ficción histórica reunidos en el libro Tradiciones peruanas. Cultivó prácticamente todos los géneros: poesía, novela, drama, sátira, crítica, crónicas y ensayos de diversa índole.

FUENTE: http://es.wikipedia.org

 

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RESEÑA BIOGRÁFICA

Hijo natural de Pedro Palma Castañeda y Guillerma Carrillo (aunque algunos creen que este es el nombre de la abuela materna y que su madre fue la esposa Dominga Soriano),1 nació en el seno de una familia humilde, en Lima (aunque existe una teoría que pone su cuna en Apurímac).

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Asistió a la escuela para párvulos de Pascual Guerrero, a la de Antonio Orengo y a la de Clemente Noel. Después siguió leyes en el Convictorio de San Carlos (aunque algunos cuestionan este dato como una superchería del autor y otros dicen que probablemente fuera alumno externo)2

A los 15 años comenzó su carrera literaria, primero escribiendo poesía y dramas. Fue a esa edad que empezó a usar, junto con el primer nombre, su segundo, Ricardo, que después ya utilizaría solo, sin el primero original de Manuel. También desde joven se mezcló en política, y en 1857 secundó la sublevación del general Manuel Ignacio de Vivanco contra el presidente Ramón Castilla, por lo que fue separado del ejercicio de su cargo en el Cuerpo Político de la Armada del Perú.

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En la Armada, a la que ingresó como oficial tercero en 1853, sirvió en la goleta Libertad, el bergantín Almirante Guisse, el transporte Rímac —donde el primero de marzo de 1855 estuvo a punto de morir a consecuencia del naufragio de la nave— y el vapor Loa3 Tomó parte en el desembarco de Guayaquil en 1959, durante la guerra con Ecuador.

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En noviembre de 1860 participó en el fallido asalto a la casa presidencial que acometió un grupo de civiles y militares de tendendica liberal, liderados por José Gálvez. El fracaso del golpe contra Castilla lo obligó a abandonar el Perú y el 20 de diciembre se embarcó con destino a Chile.

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Palma, ya convertido en el patriarca de las letras peruanas, se había retirado en marzo de 1912 a Miraflores, donde viviría los últimos años de su vida.

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Fue miembro correspondiente de la Real Academia Española (1878) y de la Peruana de la Lengua —que presidió desde su fundación en 1887 hasta su renuncia en 1918, cuando pasa a ser director honorario—, y de otras prestigiosas instituciones.

Casado desde 1876 con Cristina Román Olivier, tuvieron 7 hijos (alguno fallecido prematuramente): Félix Vital, Angélica, una de las fundadoras del movimiento feminista peruano, Ricardo, Peregrina Augusta, Cristina, Cristián y Renée Cristina. Antes tuvo un hijo natural con Clemencia (o Clementina) Ramírez: Clemente Palma, quien se convertiría en un destacado escritor.

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CUENTO DE RICARDO PALMA

FUENTE: http://zonaliteratura.com

 

Acabo de referir que uno de los tres primeros olivos que se plantaron en el Perú fue reivindicado por un prójimo chileno, sobre el cual recayó por el hurto nada menos que excomunión mayor, recurso terrorífico merced al cual, años más tarde, restituyó la robada estaca, que a orillas del Mapocho u otro río fuera fundadora de un olivar famoso.

Cuando yo oía decir aceituna, una, pensaba que la frase no envolvía malicia o significación, sino que era hija del diccionario de la rima o de algún quídam que anduvo a caza de ecos y consonancias. Pero ahí verán ustedes que la erré de medio a medio, y que si aquella frase como esta otra: aceituna, oro es una, la segunda plata y la tercera mata, son frases que tienen historia y razón de ser.

Siempre se ha dicho por el hombre que cae generalmente en gracia o que es simpático:Este tiene la suerte de las aceitunas, frase de conceptuosa profundidad, pues las aceitunas tienen la virtud de no gustar ni disgustar a medias, sino por entero. Llegar a las aceitunas era también otra locución con que nuestros abuelos expresaban que había uno presentádose a los postres en un convite, o presenciado sólo el final de una fiesta. Aceituna zapatera llamaban a la oleosa que había perdido color y buen sabor y que, por falta de jugo, empieza a encogerse. Así decían por la mujer hermosa a quien los años o los achaques empiezan a desmejorar:

-Estás, hija, hecha una aceituna zapatera.

Probablemente los cofrades de San Crispín no podían consumir sino aceitunas de desecho.

Cuentan varios cronistas, y citaré entre ellos al padre Acosta, que es el que más a la memoria me viene, que a los principios, en los grandes banquetes, y por mucho regalo y magnificencia, se obsequiaba a cada comensal con una aceituna. El dueño del convite, como para disculpar una mezquindad que en el fondo era positivo lujo, pues la producción era escasa y carísima, solía decir a sus convidados: caballeros, aceituna, una. Y así nació la frase.

Ya en 1565 y en la huerta de don Antonio de Ribera, se vendían cuatro aceitunas por un real. Este precio permitía a su anfitrión ser rumboroso, y desde ese año eran tres las aceitunas asignadas por cada cubierto.

Sea que opinasen que la buena crianza exige no consumir toda la ración del plato, o que el dueño de la casa dijera, agradeciendo el elogio que hicieran de las oleosas: aceituna, oro es una, dos son plata y la tercera mata, ello es que la conclusión de la coplilla daba en qué cavilar a muchos cristianos que, después de masticar la primera y segunda aceituna, no se atrevían con la última, que eso habría equivalido a suicidarse a sabiendas. Si la tercera mata, dejémosla estar en el platillo y que la coma su abuela.

Andando los tiempos vinieron los de ño Cerezo, el aceitunero del Puente, un vejestorio que a los setenta años de edad dio pie para que le sacasen esta ingeniosa y epigramática redondilla:

Dicen por ahí que Cerezo

tiene encinta a su mujer.

Digo que no puede ser,

porque no puede ser eso.

Como iba diciendo, en los tiempos de Cerezo era la aceituna inseparable compañera de la copa de aguardiente; y todo buen peruano hacía ascos a la cerveza, que para amarguras bastábanle las propias. De ahí la frase que se usaba en los días de San Martín y Bolívar para tomar las once (hoy se dice lunch, en gringo):

-Señores, vamos a remojar una aceitunita.

Y ¿por qué -preguntará alguno-llamaban los antiguos las once, al acto de echar después de mediodía, un remiendo al estómago? ¿Por qué?

Once las letras son del aguardiente.

Ya lo sabe el curioso impertinente.

Gracias a Dios que hoy nadie nos ofrece ración tasada y que hogaño nos atracamos de aceitunas sin que nos asusten frases. ¡Lo que va de tiempo a tiempo!

Hoy también se dice: aceituna, una; mas si es buena, una docena.

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Palma (Photo credit: Carlos Novillo Martín . Rus)
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lima vieja (Photo credit: TravelingMan)

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PABLO NERUDA (CHILE,1904-1973),TRES ODAS,AL DESNUDO,A LA CRÍTICA Y A LA FLOR AZUL,CANTADAS

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PABLO NERUDA

Poeta chileno, considerado uno de los más importantes del siglo XX. Hijo de un ferroviario, y huérfano de madre cuando solo había vivido un mes, escribía poesía desde muy joven (el seudónimo comenzó a usarlo cuando apenas tenía dieciséis años). Gabriela Mistral lo inició en el conocimiento de los novelistas rusos, que el poeta admiró toda su vida. Estudió para convertirse en profesor de francés, sin llegar a lograrlo. Su primer libro, cuyos gastos de publicación sufragó él mismo con la colaboración de amigos, fue Crepusculario (1923).

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Al año siguiente, su Veinte poemas de amor y una canción desesperada se convirtió en un éxito de ventas (ha superado el millón de ejemplares), y lo situó como uno de los poetas más destacados de Latinoamérica. Entre las numerosas obras que le siguieron destacan Residencia en la tierra(1933), que contiene poemas impregnados de trágica desesperación ante la visión de la existencia del hombre en un mundo que se destruye, y Canto general (1950), un poema épico-social en el que retrata a Latinoamérica desde sus orígenes precolombinos. La obra fue ilustrada por los famosos pintores mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Como obra póstuma se publicaron, en el mismo año de su fallecimiento, sus memorias, con el nombre de Confieso que he vivido. Poeta enormemente imaginativo, Neruda fue simbolista en sus comienzos, para unirse posteriormente al surrealismo y derivar, finalmente, hacia el realismo, sustituyendo la estructura tradicional de la poesía por unas formas expresivas más asequibles. Su influencia sobre los poetas de habla hispana ha sido incalculable y su reputación internacional supera los límites de la lengua. En reconocimiento a su valor literario, Neruda fue incorporado al cuerpo consular chileno y, entre 1927 y 1944, representó a su país en ciudades de Asia, Latinoamérica y España. De ideas políticas izquierdistas, fue miembro del Partido Comunista chileno y senador entre 1945 y 1948. En el año 1970 fue designado candidato a la presidencia de Chile por su partido y, entre 1970 y 1972, fue embajador en Francia. En 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura y el Premio Lenin de la Paz. Antes había obtenido el Premio Nacional de Literatura (1945).

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FUENTE: http://www.epdlp.com

TEXTOS

Confieso que he vivido (fragmento)
El tigre, de Los versos del capitán
Farewell, de Crepusculario
Hemos perdido aún éste crepúsculo, de Veinte poemas de amor
La arena traicionada (fragmento)
Para que tu me oigas, de Veinte poemas de amor
Pensé morir, sentí de cerca el frío (XC), de Cien sonetos de amor
Una canción desesperada

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POEMAS Y TRES ODAS

Oda a la bella desnuda

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Marina 3

ODA A LA BELLA DESNUDA

Con casto corazón, con ojos
Puros,
Te celebro, belleza,
Reteniendo la sangre
Para que surja y siga
La línea, tu contorno,
Para
Que te acuestes a mi oda
Como en tierra de bosques o de espuma,
En aroma terrestre
O en música marina.

Bella desnuda,
Igual
Tus pies arqueados
Por un antiguo golpe
De viento o del sonido
Que tus orejas,
Caracolas mínimas
Del espléndido mar americano.
Iguales son tus pechos
De paralela plenitud, colmados
Por la luz de la vida.
Iguales son
Volando
Tus párpados de trigo
Que descubren
O cierran
Dos países profundos en tus ojos.

La línea que tu espalda
Ha dividido
En pálidas regiones
Se pierde y surge
En dos tersas mitades
De manzana,
Y sigue separando tu hermosura
En dos columnas
De oro quemado, de alabastro fino,
A perderse en tus pies como en dos uvas,
Desde donde otra vez arde y se eleva
El árbol doble de tu simetría,
Fuego florido, candelabro abierto,
Turgente fruta erguida
Sobre el pacto del mar y de la tierra.

Tu cuerpo, ¿en qué materia,
Ágata, cuarzo, trigo,
Se plasmó, fue subiendo
Como el pan se levanta
De la temperatura
Y señaló colinas
Plateadas,
Valles de un solo pétalo, dulzuras
De profundo terciopelo,
Hasta quedar cuajada
La fina y firme forma femenina?

No sólo es luz que cae
Sobre el mundo
Lo que alarga en tu cuerpo
Su nieve sofocada,
Sino que se desprende
De ti la claridad como si fueras
Encendida por dentro.

Debajo de tu piel vive la luna.

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Oda a la crítica

Yo escribí cinco versos:
Uno verde,
Otro era un pan redondo,
El tercero una casa levantándose,
El cuarto era un anillo,
El quinto verso era
Corto como un relámpago
Y al escribirlo
Me dejó en la razón su quemadura.

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Y bien, los hombres,
Las mujeres,
Vinieron y tomaron
La sencilla materia,
Brizna, viento, fulgor, barro, madera
Y con tan poca cosa
Construyeron
Paredes, pisos, sueños.
En una línea de mi poesía
Secaron ropa al viento.
Comieron
Mis palabras,
Las guardaron
Junto a la cabecera,
Vivieron con un verso,
Con la luz que salió de mi costado.
Entonces,
Llegó un crítico mudo
Y otro lleno de lenguas,
Y otros, otros llegaron
Ciegos o llenos de ojos,
Elegantes algunos
Como claveles con zapatos rojos,
Otros estrictamente
Vestidos de cadáveres,
Algunos partidarios
Del rey y su elevada monarquía,
Otros se habían
Enredado en la frente
De Marx y pataleaban en su barba,
Otros eran ingleses,
Sencillamente ingleses,
Y entre todos
Se lanzaron
Con dientes y cuchillos,
Con diccionarios y otras armas negras,
Con citas respetables,
Se lanzaron
A disputar mi pobre poesía
A las sencillas gentes
Que la amaban:
Y la hicieron embudos,
La enrollaron,
La sujetaron con cien alfileres,
La cubrieron con polvo de esqueleto,
La llenaron de tinta,
La escupieron con suave
Benignidad de gatos,
La destinaron a envolver relojes,
La protegieron y la condenaron,
Le arrimaron petróleo,
Le dedicaron húmedos tratados,
La cocieron con leche,
Le agregaron pequeñas piedrecitas,
Fueron borrándole vocales,
Fueron matándole
Sílabas y suspiros,
La arrugaron e hicieron
Un pequeño paquete
Que destinaron cuidadosamente
A sus desvanes, a sus cementerios,
Luego
Se retiraron uno a uno
Enfurecidos hasta la locura
Porque no fui bastante
Popular para ellos
O impregnados de dulce menosprecio
Por mi ordinaria falta de tinieblas,
Se retiraron
Todos
Y entonces,
Otra vez,
Junto a mi poesía
Volvieron a vivir
Mujeres y hombres,
De nuevo
Hicieron fuego,
Construyeron casas,
Comieron pan,
Se repartieron la luz
Y en el amor unieron
Relámpago y anillo.
Y ahora,
Perdonadme, señores,
Que interrumpa este cuento
Que les estoy contando
Y me vaya a vivir
Para siempre
Con la gente sencilla.

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Oda a la flor azul

Caminando hacia el mar
En la pradera
—Es hoy noviembre—,
Todo ha nacido ya,
Todo tiene estatura,
Ondulación, fragancia.
Hierba a hierba
Entenderé la tierra,
Paso a paso
Hasta la línea loca
Del océano.
De pronto una ola
De aire agita y ondula
La cebada salvaje:
Salta
El vuelo de un pájaro
Desde mis pies, el suelo
Lleno de hilos de oro,
De pétalos sin nombre,
Brilla de pronto como rosa verde,
Se enreda con ortigas que revelan
Su coral enemigo,
Esbeltos tallos, zarzas
Estrelladas,
Diferencia infinita
De cada vegetal que me saluda
A veces con un rápido
Centelleo de espinas
O con la pulsación de su perfume
Fresco, fino y amargo.
Andando a las espumas
Del Pacífico
Con torpe paso por la baja hierba
De la primavera escondida,
Parece
Que antes de que la tierra se termine
Cien metros antes del más grande océano
Todo se hizo delirio,
Germinación y canto.
Las minúsculas hierbas
Se coronaron de oro,
Las plantas de la arena
Dieron rayos morados
Y a cada pequeña hoja de olvido
Llegó una dirección de luna o fuego.
Cerca del mar, andando,
En el mes de noviembre,
Entre los matorrales que reciben
Luz, fuego y sal marinas
Hallé una flor azul
Nacida en la durísima pradera.
¿De dónde, de qué fondo
Tu rayo azul extraes?
Tu seda temblorosa
Debajo de la tierra,
¿Se comunica con el mar profundo?
La levanté en mis manos
Y la miré como si el mar viviera
En una sola gota,
Como si en el combate
De la tierra y las aguas
Una flor levantara
Un pequeño estandarte
De fuego azul, de paz irresistible,
De indómita pureza.

FUENTE: http://grandespoetasfamosos.blogspot.com.es

Español: Firma del poeta chileno Pablo Neruda ...
Español: Firma del poeta chileno Pablo Neruda (1904 – 1973). (Photo credit: Wikipedia)
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Chileans 000 (Photo credit: Wikipedia)

MIGUEL ARTECHE (CHILE,1926-2012).BIOGRAFÍA

MIGUEL ARTECHE

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Biografía

Hijo de Luis Osvaldo Salinas Adrián e Isabel Arteche Bahíllo, su infancia estuvo marcada por la “prematura muerte de su padre y la impronta imborrable de su tío sacerdote don Gonzalo Arteche Bahíllo, quien posee una importante biblioteca donde el joven Miguel inicia sus primeras lecturas poéticas, claramente influenciado por la literatura española de los Siglos de Oro y, más tarde, por la poesía” de la generación del 27.1

FUENTE: http://es.wikipedia.org

 

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MIGUEL HERNÁNDEZ

Estudió en el Liceo de Los Ángeles y luego en el Instituto Nacional de Santiago. Ingresó a la carrera de derecho en la Universidad de Chile (1945-1946), pero la abandonó y más tarde viajó, becado, a estudiar literatura española en la de Madrid (1951-1953).

Comenzó a escribir poesía durante su época estudiantil, concretamente en Quintero, en las vacaciones de verano de 1945 e influenciado especialmente por Luis Cernuda.2 Cuatro años más tarde aparecerá su primer poemario, La invitación al olvido, claramente cernudiano, como el mismo Arteche ha reconocido1 (luego vendrá la influencia de Thomas Wolfe y otros). A partir de entonces y hasta su partida a España, publicará cada año un libro nuevo.

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Además de estudiar literatura, allí participará en los I y II Congresos Internacionales de Poesía (Segovia, 1952 y Salamanca, 1953), viajará por el país de sus ancestros, y también por FranciaBélgicaItalia y el norte de África, publicará, en 1953, su sexto poemario. Ese mismo año se casó con Ximena Garcés en Madrid,3 a quien había conocido en 1952 en la embajada chilena en Madrid. Pasarán la luna de miel en Ibiza y a lo largo de su unión tendrán siete hijos: Juan Miguel, Andrea, Rafael, Cristóbal, Isabel, Amparo e Ignacio.

De regreso en Chile continuó su colaboración con El Mercurio, que había comenzado en 1951, y empieza a escribir también para otros periódicos —Las Últimas Noticias y El Diario Ilustrado— y revistas como Finis TerraeAtenea yErcilla. Se desempeña como secretario de Juan Gómez Millas, rector de la Universidad de Chile (1954) y como jefe de la biblioteca y archivo de El Mercurio (1954-1964).

En 1963 reemplazó al fallecido Eduardo Barrios como miembro de la Academia Chilena de la Lengua y al año siguiente debuta como narrador con La otra orilla, que tiene “una calurosa acogida por la crítica”;4 a esta novela la seguirán otras tres y dos libros de relatos.

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ARTECHE

Bajo el gobierno democristiano de Eduardo Frei Montalva fue agregado cultural en España (1965-1970), y ese último año asumió el mismo cargo en la embajada de Chile en Honduras, país donde permaneció hasta 1971 ejerciendo al mismo tiempo como profesor visitante en la universidad.

Durante la dictadura militar, Arteche fue una de las voces críticas con el general Pinochet y fundará talleres de poesía “que consiguen forjar un segmento de libertad para el intercambio y difusión de obras literarias y de ideas (TallerAltazor de la Biblioteca Nacional y Taller Nueve de Poesía, tal vez los primeros espacios de libre circulación en el Chile de esa época)”.1

El escritor, que venía firmando como Miguel Arteche y no Miguel Salinas, legalizó en 1972 la inversión de sus apellidos.

Arteche fue profesor de redacción en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de Chile (1983-1993) y subdirector de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos entre 1990 y 1991.

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En 1996 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Chile.

Tras la publicación del libro Jardín de relojes en 2002, Arteche se retiró de la literatura.5

Arteche era conocido por sus declaraciones polémicas sobre otros escritores y se le consideraba “uno de los más fuertes francotiradores de la literatura chilena”. Así calificó de “peste” a la antipoesía de Nicanor Parra; dijo que Raúl Zurita no tenía oficio de poeta y como parte del jurado que dio a este el Premio Nacional, se negó a firmar el acta; al mismo galardón obtenido en 2002 por Volodia Teitelboim lo llamó El Premio Nacional de la Política.5

Con Miguel Arteche, Lanzamiento de ESCENAS DEL DERRUMBE DE OCCIDENTE

Durante sus últimos años padeció arteritis temporal. Vivía con su esposa, Ximena Cortés, en La Reina. Falleció a los 86 años de edad debido a una insuficiencia respiratoria;3 fue sepultado en el Cementerio General de Santiago.

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ALGUNOS POEMAS DE ARTECHE:

FUENTE: http://zonaliteratura.com

 

Primera madrugada

Escucha, susurrante, el tiempo de las estrellas,
la silabeante madrugada que se acerca.
Escúchate el cuerpo que tembloroso aguarda,
la llave desolada del abrazo, el trémulo contacto,
la mano que te cierra los ojos, la tierra que se abre
con ignorados frutos. ¡Levántate, dormida!
La noche final te atraviesa,
todo el mundo nos atraviesa, nos envuelve.

Mi cuerpo está en ti.
Nuestros cuerpos gimen a través de la tierra.
Muerdo el gozo del rocío y levantamos las banderas del amor
en lo alto de los edificios orgullosos.
Y en ti tomo la humedad de los bosques,
las solitarias fuentes escondidas.
Y liberto en tu sangre los ríos en esta hora de las colinas que se estremecen,
ahora que tú rasgas la noche que se aleja,
y yo surjo de ti, nutrido de tu amorosa profundidad.

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Última primavera

La luz bajaba desde la colina.
El sonido de un tren, un paso que he perdido.
Juventud, herida de otro tiempo,
te alejas soñolienta
como una verde lámpara sepultada en la noche…

Algo silencioso
estaba junto a mí. La lluvia
penetraba los techos perfumados.
Juventud, perdiste tu campana antigua,
tu yelmo mágico,
tu vara transparente.

Ésta es mi habitación. Ésta tu llama.
Éste el vestido. Ésta tu cintura.
«Tu nombre», dijiste, «se ha perdido en la sombra.
Búscalo más allá, detrás de las colinas».

Era yo el que cantaba.
Nadie ha de saciar nuestro encuentro perdido.
Me perdí en el bosque. Partiste a los canales.
La luz bajaba desde la colina.

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Amargo amor

Teje tu tela, teje de nuevo tu tela;
deja que el mes de junio azote el invierno de mi patria;
teje la tela de acero y de cemento;
junta tus hilos uno a uno, oh hermoso tejedor;
forma tu tela con fuertes lazos,
con orgullosos rastros de sueño.

Toda la tierra está en las colas del amor;
en las ciénagas del amor podridas están las manzanas.
Cada día tiene un eco, un paso, un rastro, gemido;
cada día la estancia recibe la visita del cuerpo en el lecho;
cada día hay una mano que desnuda;
cada día descansa la ropa en las sillas brillantes por el polvo.
Teje tu tela, oh hermoso tejedor;
teje los restos de los cuerpos que se unieron.

Entre tus hondos pechos de relámpagos quietos,
entre tu vientre oculto de cesto dividido,
en la cálida ráfaga que viene de tu abrazo,
fui un día tu sombra, el “cuándo” entristecido,
el “adónde” que lleva hacia una muerte cierta.
Ya moriré algún día sin preguntar qué pasa,
qué pasa entre tus hombros, en el temblor de espiga
de tu escorzo de nieve,
qué viene por los ecos que acarician tu pelo,
qué flechas encendidas acumulan tus manos,
qué enamorado encuentro ha de tocar tu beso.

No es para volver, no es para cantar
sino tu verde corazón transfigurado,
la melodiosa sombra que duerme en tus pupilas,
el afán escondido que tenía tu ausencia.

Recógeme, amor mío, con tus cálidas plumas;
recógeme y húndeme tu ternura llagada;
colócame en tu olvido, recógeme cantando.
No es para que preguntes, no es para que indagues
el sitio donde puse mi corazón hundido;
recógeme, ahora, para estar en lo ausente,
sin preguntar qué ocurre, qué pasa, por qué vuelves
tu cabeza de ausente firmamento.

Cae ahora hacia mi lado; vuelve
a dividir tu cuerpo, a derramar tu furia,
hasta que te estremezca el nombre del combate
que a muerte libraremos, esa pasión a muerte
entre tú y yo: un huracán de manos
nos hallará apretados en los dones sin término
de una tierra total.

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Canción a una muchacha ajedrecista muerta

Llueve sobre el verano del tablero.
En blanco y negro llueve sobre ti.
Nadie controla tu reloj: te espero
para jugar allí.

¿Tú mueves o yo muevo? Quién lo sabe.
Quién sabe si allá juega o juega aquí.
De pronto tu tablero es una nave
que te lleva y nos lleva hacia un jardín.

Hacia un jardín remoto de caballos
que inmóviles nos miran, y a un alfil
que negro lanza rayos, rayos, rayos,
y hace mil años que está de perfil.

Hacia un jardín remoto de tres torres
donde una dama blanca va hacia ti,
te llama a ti, y tú hacia ella corres
y no hay en ella fin.

Donde un peón ha roto ya los sellos
y te ciñe las sienes de marfil,
y un rey recoge ahora tus cabellos
para cubrir con ellos su país.

Hacia un jardín remoto al mediodía,
donde el agua se tiende en su dormir,
y ya no hay sed y nunca hay todavía
y hay un árbol de sol en el jardín.

Sólo que tú no estás. Y está la luna
cayendo interminable en el jardín
sobre las soledades de una cuna.
Y hay olor de silencio y de partir.

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Comienzo

El jardín se ha posado en mi jardín.
Toda su galaxia resplandece a medianoche.
Los árboles destellan, las flores fulgen.
Tiene el césped una tersura de nimbo.
Bajan los Transparentes
y de sus cuerpos surgen peldaños de escala.
Los Radiantes me llaman con sus cristales.
Mis años descienden en el cáliz de un instante.
Los Centelleantes me han rodeado
y me tienden sus ojos de oro.
El amor es una paloma de fuego que elevan.
Por fin llegaron.

“Mi padre el inmigrante”,4 partes de 30 del Poema de Vicente Gerbasi

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VICENTE GERBASI

Rómulo Betancourt (President 1945-1948/1959-19...
Rómulo Betancourt (President 1945-1948/1959-1964), one of the major democracy activists of Venezuela. (Photo credit: Wikipedia)

Rómulo Betancourt (President 1945-1948/1959-1964), one of the major democracy activists of Venezuela. (Photo credit: Wikipedia)

Vicente Gerbasi (CanoaboCarabobo); 2 de junio de 1913 – CaracasVenezuela28 de diciembre de 1992) fue escritorpoetapolítico y diplomático venezolano, considerado el poeta contemporáneo venezolano más representativo y uno de los más brillantes exponentes de la lírica vanguardista, además de ser de los escritores más influyentes del siglo XX en Venezuela, así como de los más reconocidos.

Fuente: http://es.wikipedia.org

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Miembro del Grupo Viernes, uno de los más notorias sociedades poéticas de Venezuela, Gerbasi no sólo lograría convertirse en su máximo exponente, sino que además se desenvolvería en una extraordinaria carrera política y diplomático, siendo miembro fundador del Partido Democrático Nacional junto con Rómulo Betancourt, Agregado Cultural de la embajada Venezolana en BogotáCónsul de Venezuela en la Habana y GinebraConsejero Cultural de la Embajada Venezolana en Chile y Embajador de Venezuela en HaitíIsraelDinamarcaNoruega y Polonia.

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Existe en la escritura de Gerbasi una intensa investigación del lenguaje para inquirir en las peculiaridades entrañables del país. Su propósito consiste en señalar una posible identidad, pero sin fijarla en esquemas inflexibles, sino destacando sus connotaciones mágicas y su cosmogonía poética, entonces su lenguaje se hace necesario y eficaz para nombrar ese universo.

Bruce Davidson2

En 1945 Gerbasi publica su libro más esencial y conocido: Mi padre el inmigrante. Se trata de un extenso poema integrado por treinta cantos basados en un mismo hilo temático: La figura mítica del padre a través de la cual opera la emoción frente al paisaje. Mi padre el inmigrante plantea enigmas metafísicos, recrea supersticiones, climas, espantos, mitos, leyendas, costumbres rurales, toda una flora y fauna fascinante y mágica.

Gerbasi ha sido traducido al francés, al inglés, al italiano,al portugués, al danés, al sueco, al rumano al hebreo, al árabe y al chino. Falleció el 28 de diciembre de 1992.

Rómulo Betancourt during his infancy.
Rómulo Betancourt during his infancy. (Photo credit: Wikipedia)

Rómulo Betancourt during his infancy. (Photo credit: Wikipedia)

“Mi padre, Juan Bautista Gerbasi, cuya vida es el motivo de este poema,
nació en una aldea viñatera de Italia, a orillas del Mar Tirreno,
y murió en Canoabo, pequeño pueblo venezolano escondido en una agreste
comarca del Estado Carabobo”.

 

Gallineta de agua [Common Gallinule] (Gallinul...Gallineta de agua [Common Gallinule] (Gallinula galeata) (Photo credit: barloventomagico)

 

 

Vicente Gerbasi

Fuente: http://zonaliteratura.com

I

Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Atrás queda la tierra envuelta en sus vapores,
donde vive el almendro, el niño y el leopardo.
Atrás quedan los días, con lagos, nieves, renos,
con volcanes adustos, con selvas hechizadas
donde moran las sombras azules del espanto.
Atrás quedan las tumbas al pie de los cipreses,
solos en la tristeza de lejanas estrellas.
Atrás quedan las glorias como antorchas que apagan
ráfagas seculares.
Atrás quedan las puertas quejándose en el viento.
Atrás queda la angustia con espejos celestes.
Atrás el tiempo queda como drama en el hombre:
engendrador de vida, engendrador de muerte.
El tiempo que levanta y desgasta columnas,
y murmura en las olas milenarias del mar.
Atrás queda la luz bañando las montañas,
los parques de los niños y los blancos altares.
Pero también la noche con ciudades dolientes,
la noche cotidiana, la que no es noche aún,
sino descanso breve que tiembla en las luciérnagas
o pasa por las almas con golpes de agonía.
La noche que desciende de nuevo hacia la luz,
despertando las flores en valles taciturnos,
refrescando el regazo del agua en las montañas,
lanzando los caballos hacia azules riberas,
mientras la eternidad, entre luces de oro,
avanza silenciosa por prados siderales.

A spider and web in Caracas, Venezuela.
A spider and web in Caracas, Venezuela. (Photo credit: Wikipedia)

A spider and web in Caracas, Venezuela. (Photo credit: Wikipedia)

II

Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Los pasos en el polvo, el fuego de la sangre,
el sudor de la frente, la mano sobre el hombro,
el llanto en la memoria,
todo queda cerrado por anillos de sombra.
Con címbalos antiguos el tiempo nos levanta.
Con címbalos, con vino, con ramos de laureles.
Mas en el alma caen acordes penumbrosos.
La pesadumbre cava con pezuñas de lobo.
Escuchad hacia adentro los ecos infinitos,
los cornos del enigma en vuestras lejanías.
En el hierro oxidado hay brillos en que el alma
desesperada cae,
y piedras que han pasado por la mano del hombre,
y arenas solitarias,
y lamentos del agua en cauces penumbrosos.
¡Reclamad, gritando hacia el abismo,
el mirar interior que hacia la muerte avanza!
En nuestras horas yacen reflejos de heliotropos,
manos apasionadas, relámpagos del sueño.
¡Venid a los desiertos y escuchad vuestra voz!
¡Venid a los desiertos y gritad a los cielos!
El corazón es una secreta soledad.
Sólo el amor descansa entre dos manos,
y baja en la simiente con un rumor oscuro,
como torrente negro, como aerolito azul,
con temblor de luciérnagas volando en un espejo,
o con gritos de bestias que se rompen las venas
en las calientes noches de insomnes soledades.
Mas la simiente trae a la visible e invisible muerte.
¡Llamad, llamad, llamad vuestro rostro perdido
a orillas de la gran sombra!

Noruega | Tromso | Laura viendo auroras borealesNoruega | Tromso | Laura viendo auroras boreales (Photo credit: moverelbigote)

III

Relámpago extasiado entre dos noches,
pez que nada entre nubes vespertinas,
palpitación del brillo, memoria aprisionada,
tembloroso nenúfar sobre la oscura nada,
sueño frente a la sombra: eso somos.
Por el agua estancada va taciturno el día,
doblegando los juncos hacia barcas de olvido.
El alma silenciosa en las violetas tiembla.
¿No somos un secreto guardado por las horas?
Mirad cómo en el césped de la tarde
la mirada es un brillo de azahares,
cómo se esconde el ser
en el suspiro leve de las frondas.
Algo se cierra siempre en torno a nuestra frente.
El frío de las piedras corre por nuestra sangre.
Un susurrar de nardo desciende por los valles.
Y siempre el hombre solo, bajo el sol y los truenos,
perseguido por voces y látigos y dientes.
El hombre siempre solo, con su mirada, suya,
con sus recuerdos, suyos, y con sus manos, suyas.
El hombre interrogando a sus calladas sombras.
Escucha: yo te llamo desde mis soledades,
desde mis suspirantes comarcas de palmeras,
abiertas a los signos luminosos del cielo.
El viento se te enreda con nieblas siderales,
y te detiene al pie de negros abedules.
Venados de la luna van corriendo
por la antigua memoria,
y en tu silencio caen llamas del corazón.

vicentegerbasi

IV

Lo que siento en mi sangre como un reloj de arena,
cerca de algún retrato, del hilo y del salero;
lo que escucho en mi sangre como un rumor del día,
cuando una mariposa de la noche
viene a besar la sombra de nuestro corazón;
lo que escucho en mi sangre como acordes de luto,
cuando todo se apaga y todo es un ayer,
con rostros, con cenizas y manos en la sombra;
lo que escucho en mi sangre como grano que cae
en la penumbra de los aposentos,
donde el espejo de hundida confidencia
destruye vanamente las máscaras del hombre:
lo que escucho en mi sangre como flautas del sol,
cuando mis hijos danzan en torno a mi existencia
como en una lejana colina de vendimias;
cuando el pensamiento transforma mis secretos
en abismos de yedras,
y reclino mi frente sobre el vino nocturno;
cuando siento mis pasos en la tierra,
y cuando digo: tierra,
y sé que estoy aquí iluminándome,
amándola y oyendo su mandato, que es el existir,
es lo que desciende en secreto hacia mi muerte:
rumor que me sostiene y me dibuja
en mi retrato antiguo,
con un halcón sobre el hombro,
en la penumbra de tus olivares:
marco de la conciencia,
enigma de viejos muros,
caída de la luz en la tristeza,
heno en la tarde, nubes de soledad,
higueras de la noche en forma de esqueletos,
mirada hacia la sombra del jaguar.
No somos habitantes de la luz.
Hay lenguas de tiniebla y signos ardorosos
danzando en torno nuestro.
Se nos cae la mirada en anillos de luto,
en juncales de miedo, en estrellas de plata.
La frente va perdida, como ráfaga fría
por la humedad nocturna de los espantapájaros.
¿Cuándo sale de ti mi oscuro andar?
Atrás quedan abismos en que mis ojos caen.
El hombre es de la noche que lo sigue,
sueño que el sol defiende,
paréntesis de incierta maravilla,
imagen que derriba la tiniebla.
Aún mi madre contempla tu retrato
y en su cabello blanco se hace un lejano resplandor.
Aquí en la tierra estoy, aquí en la tierra,
y en tu muerte, disperso en mis sentidos.
Y persisten los ojos, las brasas del peligro
y el hábito de andar por los sonidos,
por la humedad, la risa, las tinieblas,
donde las lumbres danzan
como reminiscencias de muertos familiares.
Y todo avanza en mí y todo cae, y todo es un rumor,
un acercarse y amar, y un sufrir por lo amado,
y un llevarlo todo al sueño
y hacer de la tierra un sueño.
Y es lo que viene ardiendo, sonando como un trueno
sobre un niño,
desde tu vida dura, desde tu muerte sola,
tu muerte semejante a una llanura,
donde curva la noche su lentitud de estrellas,
con un rumor de cascos, de piedras, de esqueletos,
con guitarras caídas junto al corazón,
con una copla del diablo,
con el azufre del Tirano Aguirre
danzando en las colinas,
y lejanos relámpagos antiguos
en un denso horizonte con sombras de diluvio,
y el viento que resuena sobre el sordo tambor
de la tierra caliente,
del agua del caimán y el venenoso diente.
Padre mío, padre de mi huracán. Y de mi poesía.

CaracasCaracas (Photo credit: gottwotan)

 

PABLO NERUDA.PARTE II.”EL NACIMIENTO DE RICARDO”

PABLO NERUDA

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Pablo Neruda, de nacimiento Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (Parral12 de julio de 1904 – Santiago23 de septiembre de 1973), fue un poeta chileno, considerado entre los mejores y más influyentes artistas de su siglo; «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma», según Gabriel García Márquez.1 También fue un destacado activista político,senador, miembro del Comité Central del Partido Comunista, precandidato a la presidencia de su país y embajador en Francia. Entre sus múltiples reconocimientos destacan elPremio Nobel de Literatura en 1971 y un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Oxford«Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él», ha escrito el crítico literario Harold Bloom,2 quien lo considera uno de los veintiséis autores centrales del canon de la literatura occidental de todos los tiempos.3

FUENTE: http://es.wikipedia.org

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En 1936 estalla la Guerra Civil Española. Conmovido por ella y por el asesinato de su amigo García Lorca,5 Neruda se compromete con el movimiento republicano, primero en España y luego enFrancia, donde comienza a escribir España en el corazón (1937). Ese año regresa a Chile, y su poesía durante el período siguiente se caracterizará por una orientación hacia cuestiones políticas y sociales, lo que refuerza sus grandes ventas de libros.

Durante la guerra civil, Neruda también conoció al poeta mexicano Octavio Paz. Ambos se hicieron amigos instantáneos, pero, posteriormente, en México, tuvieron un altercado por diferencias ideológicas, llegando casi a los golpes. Más de veinte años después se reconciliaron en el Festival Internacional de Poesía de Londres. Paz diría con respecto a su colega: “Musito el nombre de Pablo Neruda y me digo: lo admiraste, lo quisiste y lo combatiste. Fue tu enemigo más querido”.9

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En 1939 es designado, por el presidente Aguirre Cerda, cónsul especial para la inmigración española en París, donde destaca como el gestor del proyecto Winnipeg, barco que llevaría a cerca de 2.000 inmigrantes españoles desde Francia a Chile. Poco tiempo después, es asignado como cónsul general en México, donde reescribe su Canto General de Chile transformándolo en un poema del continente sudamericano. Canto General fue publicado en México en 1950, y también clandestinamente en Chile. Compuesta de unos 250 poemas en quince ciclos literarios, constituye (a juicio del propio Neruda) la parte central de su producción artística. Al poco tiempo de salir a luz, fue traducido a alrededor de diez idiomas. Casi todos los poemas que lo componen fueron creados en circunstancias particularmente difíciles, cuando Neruda vivía en la clandestinidad en Chile al ser perseguido por ser miembro del Partido Comunista de Chile y acusado de “infringir la Ley de Seguridad Interior del Estado e injuriar al presidente González Videla“.

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Fuente: http://grandespoetasfamosos.blogspot.com.es

Poema I: Cuerpo de mujer

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
Te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
Y hace saltar al hijo del fondo de la tierra.

Fui sólo como un túnel. De mí huían los pájaros,
Y en mí la noche entraba en su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
Como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!
¡Ah las rosas del pubis! ¡ Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
Y la fatiga sigue y el dolor infinito.

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Poema II: En su llama mortal la luz te envuelve

En su llama mortal la luz te envuelve.
Absorta, pálida, doliente, así situada
Contra las viejas hélices del crepúsculo
Que en torno a ti da vueltas.

Muda, mi amiga,
Sola en lo solitario de esta hora de muertes
Y llena de las vidas del fuego,
Pura heredera del día destruido.

Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.
De la noche las grandes raíces
Crecen de súbito desde tu alma,
Y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas,
De modo que un pueblo pálido y azul
De ti recién nacido se alimenta.

Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava
Del círculo que en negro y dorado sucede,
Erguida, trata y logra una creación tan viva
Que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.

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Poema III: Ah, vastedad de pinos

Ah, vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose,
Lento juego de luces, campana solitaria,
Crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca,
Caracola terrestre, en ti la tierra canta.

En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye
Como tú lo desees y hacia donde tú quieras.
Márcame mi camino en tu arco de esperanza
Y soltaré en delirio mi bandada de flechas.

En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla
Y tu silencio acosa mis horas perseguidas,
Y eres tú con tus brazos de piedra transparente
Donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida.

Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla
En el atardecer resonante y muriendo
Así en horas profundas sobre los campos
He visto doblarse las espigas en la boca del viento.

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Poema IV: Es la mañana llena de tempestad

Es la mañana llena de tempestad
En el corazón del verano.

Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,
El viento las sacude con sus viajeras manos.

Innumerable corazón del viento
Latiendo sobre nuestro silencio enamorado.

Zumbando entre los árboles, orquestal y divino,
Como una lengua llena de guerras y de cantos.

Viento que lleva en rápido robo la hojarasca
Y desvía las flechas latientes de los pájaros.

Viento que la derriba en ola sin espuma
Y sustancia sin peso, y fuegos inclinado.

Se rompe y se sumerge su volumen de besos
Combatido en la puerta del viento del verano.

Chile
Chile (Photo credit: @Doug88888)

Chile (Photo credit: @Doug88888)

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CUATRO POEMAS DE JORGE TEILLIER

Jorge Teillier

Jorge Teillier Sandoval (Lautaro24 de junio de 1935 – Viña del Mar, 22 de abril de 1996) fue un destacado poeta chileno de la llamada generación literaria de 1950,1 creador y exponente de la poesía lárica.

Era hijo de Fernando Teillier Morín y Sara Sandoval Matus, nieto de los colonos Georges Teillier Panellier (nacido en RuffecCharente) y de Melanie Morin, que habían llegado desde Francia décadas atrás a esa región.

Su infancia transcurrió en el sur de Chile, en la Araucanía. Desde su infancia, coincidente cronológicamente con la segunda guerra mundial, la vida cotidiana del autor estuvo ya marcada por el contacto directo con la naturaleza y una forma de entender la tradición capaz de articular en un mismo enfoque rasgos culturales, sociales e históricos chilenos, franceses y mapuche. A la descendencia francesa del autor, se acopló la tradición araucana, y prontamente, a través de la literatura, un sentido aún más universal.

Dice Teillier: “No recuerdo haber intentado escribir poema alguno hasta los doce años de edad. La poesía me parecía algo perteneciente a otro mundo y prefería leer en prosa. Leía como si me hubiesen dado cuerda”.2 Pero aunque desde los 12 años escribía prosa y poesía, fue a los 16, en la ciudad de Victoria donde escribió, su “primer poema verdadero”, o sea, explica Teillier, “el primero que vi, con incomparable sorpresa, como escrito por otro”.2 Gran parte de los poemas que componen su primer libro, Para ángeles y gorriones (1956), nacieron “sobre el pupitre del liceo”.

CUATRO POEMAS DE JORGE TEILLIER

 

FUENTE: http://zonaliteratura.com

Ahora que de nuevo

Ahora que de nuevo nos envuelve el Invierno
enemigo de los vagos y los ebrios,
el viento los arrastra como a las hojas del diario de la tarde
y los deja fuera de las Hospederías,
los hace entrar a escondidas a dormir hasta en los confesionarios.

Conozco esas madrugadas
donde buscas a un desconocido y un conocido te busca
sin que nadie llegue a encontrarse
y los radiopatrullas aúllan amenazantes
y el Teniente de Guardia espera con su bigotito de aprendiz de nazi
a quienes sufrirán la resaca por no pagar la multa.

Ahora que de nuevo nos envuelve el Invierno
pienso en escribir
sobre los areneros amenazados por la creciente
sobre un reo meditabundo
que va silbando una canción,
sobre las calles del barrio
donde los muchachos hostiles al forastero buscan las monedas para el flipper
y los dueños del almacén de la esquina
esperan entumecidos al último cliente,
mientras en el clandestino
los parroquianos no terminan nunca su partida de dominó.

Ahora que de nuevo nos envuelve el Invierno
pienso que debe estar lloviendo en la Frontera.
sobre los castillos de madera,
sobre los perros encadenados,
sobre los últimos trenes al ramal.
Y vivo de nuevo
junto a Pan de Knunt Hamsun lleno de fría luz nórdica y exactos gritos de aves acuáticas,
veo a Block errando por San Peterburgo contemplado por el jinete de Bronce
y saludo a Sharp, a Dampier y a Ringrose jugándose en Juan Fernández el botín robado en la
Serena.

Me han llegado poemas de amigos de provincia
hablando de una gaviota muerta sobre el techo de la casa
del rincón más oscuro de una estrella lejana
de navíos roncos de mojarse los dedos.

Y pienso frente a una chimenea que no encenderé
en largas conversaciones junto a las cocinas económicas
y en los hermanos despojados de sus casas y dispersos por todo el mundo huyendo de los
Ogros
esos hermanos que han llegado a ser mis hermanos
y ahora espero para encender el fuego.

Pequeña confesión

En memoria de Serguei Esenin

Si, es cierto, gasté mis codos en todos los mesones.
Me amaron las doncellas y preferí a las putas.
Tal vez nunca debiera haber dejado
El país de techos de zinc y cercos de madera.

En medio del camino de la vida
Vago por las afueras del pueblo
Y ni siquiera aquí se oyen las carretas
Cuya música he amado desde niño.

Desperté con ganas de hacer un testamento
-ese deseo que le viene a todo el mundo-
pero preferí mirar una pistola
la única amiga que no nos abandona.

Todo lo que se diga de mí es verdadero
Y la verdad es que no me importa mucho.
Me importa soñar con caminos de barro
Y gastar mis codos en todos los mesones.

“Es mejor morir de vino que de tedio”
Sin pensar que pueda haber nuevas cosechas.
Da lo mismo que las amadas vayan de mano en mano
Cuando se gastan los codos en los mesones.

Tal vez nunca debí salir del pueblo
Donde cualquiera puede ser mi amigo.
Donde crecen mis iniciales grabadas
En el árbol de la tumba de mi hermana.

El aire de la mañana es siempre nuevo
Y lo saludo como un viejo conocido,
Pero aunque sea un boxeador golpeado
Voy a dar mis últimas peleas.

Y con el orgullo de siempre
Digo que las amadas pueden ir de mano en mano
Pues siempre fue mío el primer vino que ofrecieron
Y yo gasto mis codos en todos los mesones.

Como de costumbre volveré a la ciudad
Escuchando un perdido rechinar de carretas
Y soñaré techos de zinc y cercos de madera
Mientras gasto mis codos en todos los mesones.

El lenguaje del cielo

El cielo habla un lenguaje gris,
y callan la grave voz del vino,
la leve voz del té.
Los espejos se fatigan
de repetir el nombre de las cosas.
No dicen nada. No dicen: “un visitante”,
“las moscas”, “el libro sobre la mesa”.
No dicen nada los espejos.

Canción cantada para que nadie la oiga
es la esperanza de que esto cambie.
Niños que se acercan al ataúd del amigo muerto,
paso de ratas frente a la estufa en silencio,
el halo de humo pobre que hace rey al tejado,
o todo lo que desaparece de pronto
como el plateado salto del salmón sobre el río.

Una ráfaga apaga los ciruelos,
dispersa las cenizas de sus follajes,
arruga la vacía faz de las glicinas.
Todo lo que está aquí
parece estar verdaderamente en otro lugar.
Los jóvenes no pueden volver a casa
porque ningún padre los espera
y el amor no tiene lecho donde yacer.
El reloj murmura que es preciso dormir,
olvidar la luz de este día
que no era sino la noche sonámbula,
las manos de los pobres
a quienes no dimos nada.
“Hay que dormir”, murmura el reloj.
Y el sueño es la paletada de tierra que lo acalla.

Otoño secreto

Cuando las amadas palabras cotidianas
pierden su sentido
y no se puede nombrar ni el pan,
ni el agua, ni la ventana,
y la tristeza ha sido un anillo perdido bajo nieve,
y el recuerdo una falsa esperanza de mendigo,
y ha sido falso todo diálogo que no sea
con nuestra desolada imagen,
aún se miran las destrozadas estampas
en el libro del hermano menor,
es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa,
y ver que en el viejo armario conservan su alegría
el licor de guindas que preparó la abuela
y las manzanas puestas a guardar.

Cuando la forma de los árboles
ya no es sino el leve recuerdo de su forma,
una mentira inventada por la turbia
memoria del otoño,
y los días tienen la confusión
del desván a donde nadie sube
y la cruel blancura de la eternidad
hace que la luz huya de sí misma,
algo nos recuerda la verdad
que amamos antes de conocer:
las ramas se quiebran levemente,
el palomar se llena de aleteos,
el granero sueña otra vez con el sol,
encendemos para la fiesta
los pálidos candelabros del salón polvoriento
y el silencio nos revela el secreto
que no queríamos escuchar.

...… (Photo credit: Claudio.Núñez)

Strand von Reñaca (Viña del Mar/Chile)
Strand von Reñaca (Viña del Mar/Chile) (Photo credit: Wikipedia)

Strand von Reñaca (Viña del Mar/Chile) (Photo credit: Wikipedia)

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